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UNA MANERA DE HACER EUROPA

Maravillas de Egipto

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🛫 Día 1 – Rumbo a Egipto: El inicio de una aventura milenaria

El viaje comenzó en el Aeropuerto de Valencia ✈️, con la emoción que solo un destino como Egipto puede despertar. Entre las maletas, los saludos del grupo y las primeras charlas, se respiraba un aire de ilusión y curiosidad 😁. Después de los trámites de facturación, nos esperaba el vuelo directo a El Cairo 🌟, la capital de los faraones 👑 y una de las ciudades más fascinantes del mundo💫 .

A nuestra llegada, un representante local nos recibió con una sonrisa y la tradicional hospitalidad egipcia. El trámite del visado fue rápido, y mientras nos dirigíamos al hotel, las luces de la ciudad nos dieron la bienvenida a una metrópoli vibrante donde lo antiguo y lo moderno conviven en un equilibrio único .

El Helnan Dreamland Hotel, situado en la tranquila Ciudad 6 de Octubre, nos recibió con comodidad y elegancia. Después del check-in, algunos decidimos descansar tras el viaje, mientras otros aprovechamos para asomarnos al entorno y empezar a sentir la energía del lugar.

Esa primera noche en El Cairo fue una mezcla de cansancio y emoción. Saber que al día siguiente estaríamos frente a las Pirámides de Giza, una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo , era motivo suficiente para soñar con los ojos abiertos🌙🤩 .

 

🏜️ Día 2 – El Cairo: Frente a las Pirámides de Giza y la mirada eterna de la Esfinge

Nos despertamos temprano en El Cairo, con la emoción de quienes saben que están a punto de vivir un sueño: ver de cerca las Pirámides de Giza.

 Tras un desayuno energético, el grupo partió rumbo a Giza, situada a unos 20 km de la capital.
El trayecto fue corto, pero a medida que avanzábamos, la silueta de las pirámides comenzó a dibujarse en el horizonte, imponente y majestuosa. Es difícil describir lo que se siente al tener fren te a ti una de las maravillas más antiguas del mundo aún en pie.

 

Allí estaban: Keops, Kefrén y Micerinos, guardianas del desierto desde hace más de 4.500 años. La perfección de sus líneas, el silencio del desierto y la energía que se respira en el lugar hacen que uno se quede sin palabras. Frente a ellas, la Gran Esfinge, mitad león mitad hombre, observa el horizonte con su expresión enigmática, como si conociera todos los secretos del tiempo.

 

🕌 Día 3 – El Cairo histórico: entre la Ciudadela de Saladino, la Mezquita de Alabastro y el bullicio del bazar Khan El-Khalili

Despertar en El Cairo siempre tiene un encanto especial: el sonido de los coches, el bullicio de la ciudad y, a lo lejos, la llamada a la oración que resuena entre los minaretes. Después del desayuno, nos esperaba una jornada dedicada a conocer el corazón histórico y espiritual de esta metrópoli que nunca duerme.

Nuestra primera parada fue la Ciudadela de Saladino, una fortaleza medieval que domina El Cairo desde lo alto de una colina. Construida en el siglo XII, fue durante siglos la sede del gobierno egipcio y un refugio contra invasores. Desde sus murallas, las vistas son impresionantes: una panorámica del viejo Cairo donde se mezclan los tejados, los minaretes y el río Nilo serpenteando a lo lejos.

Dentro de la Ciudadela se encuentra la Mezquita de Mohamed Alí, también conocida como la Mezquita de Alabastro. Su interior, cubierto de mármol blanco y decorado con lámparas colgantes, transmite una serenidad difícil de describir. Al entrar, todos tuvimos que descalzarnos, un gesto de respeto y pureza antes de acceder al espacio sagrado.

El guía nos explicó que Mohamed Alí fue un gobernante fundamental en la historia moderna de Egipto, y que esta mezquita es una muestra del renacimiento arquitectónico del país durante su mandato.

Después del almuerzo, continuamos hacia el barrio copto, una zona donde aún se conservan las raíces cristianas más antiguas del país. Allí visitamos iglesias que datan de los primeros siglos del cristianismo, como la Iglesia Colgante, construida sobre una antigua fortaleza romana. Caminar por sus estrechas calles empedradas es como viajar en el tiempo: cada rincón respira historia y fe.

 

La tarde terminó en el famoso bazar Khan El-Khalili, un laberinto de callejones repletos de vida, aromas y colores. El olor a incienso, las lámparas de cobre, los collares de piedra y los vendedores llamando a los turistas forman una escena vibrante. Aquí el arte del regateo es casi una tradición, y cada compra se convierte en una pequeña aventura.

Cerramos el día con una cena en un restaurante local, disfrutando de platos típicos como el koshari (mezcla de arroz, lentejas y pasta con salsa de tomate) y el falafel. Las conversaciones giraban en torno a las experiencias del día, y a esa sensación de estar caminando entre siglos de historia viva.

 

 

✈️ Día 4 – De El Cairo a Abu Simbel: los templos del faraón Ramsés II y el comienzo del crucero por el Nilo

Amanecimos temprano, listos para dejar atrás el bullicioso El Cairo y volar hacia el sur, donde nos esperaba una de las joyas más asombrosas del Antiguo Egipto: Abu Simbel. Solo el nombre ya evoca grandeza. Tras un vuelo corto, aterrizamos en el desierto nubio, muy cerca de la frontera con Sudán. El calor era intenso, pero la emoción lo superaba todo.

Cuando llegas a Abu Simbel, lo primero que impresiona es su escala. El Templo de Ramsés II, tallado directamente en la roca hace más de 3.000 años, se alza frente al lago Nasser con cuatro colosos de 20 metros de altura que parecen custodiar la eternidad. Es difícil no sentirse pequeño ante tanta magnificencia. Dentro, los relieves y las pinturas aún conservan su color original; cada escena cuenta la historia de las victorias y la divinización del faraón más poderoso de Egipto.

 

A pocos metros se encuentra el Templo de Nefertari, dedicado a la esposa favorita de Ramsés. Aunque más pequeño, tiene una belleza serena. Se dice que fue el primer templo en la historia de Egipto construido en honor a una mujer. Sus seis figuras talladas en la fachada —cuatro del faraón y dos de Nefertari— simbolizan la unión entre el poder y el amor.

Saber que ambos templos fueron trasladados piedra por piedra en los años 60 para salvarlos de las aguas tras la construcción de la presa de Asuán es algo que deja sin aliento. Fue una hazaña de ingeniería moderna al servicio de la historia.

Después de la visita, tomamos un vuelo a Asuán, donde nos esperaba una nueva etapa: el crucero por el Nilo. El embarque en la motonave M/S Casa Sol fue emocionante. Desde el primer momento se percibe el ambiente relajado del barco, con su cubierta soleada, la piscina y las vistas del río que lo ha dado todo a Egipto.

Por la tarde visitamos el Templo de Philae, dedicado a la diosa Isis, protectora del amor y la maternidad. Situado en una pequeña isla, parece flotar sobre las aguas del Nilo, y el atardecer tiñe sus columnas de tonos dorados. Fue el cierre perfecto para un día lleno de historia y belleza.

La noche cayó sobre Asuán mientras el barco permanecía atracado. Una suave brisa del desierto y el rumor del agua acompañaron la cena a bordo. Por primera vez, sentíamos que estábamos viviendo el Egipto del Nilo, el que ha inspirado a viajeros durante milenios.

 

 

🚤 Día 5 – Asuán, Kom Ombo y Edfu: navegando por el Nilo, entre dioses y leyendas

El amanecer en Asuán tiene algo especial. Desde la cubierta del barco, el sol se levanta lentamente sobre el Nilo, tiñendo las aguas de reflejos dorados. El aire es cálido y tranquilo, y por un instante todo parece suspendido en el tiempo. Después del desayuno, nos esperaba una experiencia única: un paseo en faluca, las tradicionales embarcaciones de vela que aún hoy surcan el río como lo hacían hace siglos.

Deslizarse en silencio por las aguas del Nilo, con las palmeras y las dunas del desierto como telón de fondo, fue uno de los momentos más mágicos del viaje. Los niños saludaban desde la orilla y los barqueros, expertos en leer el viento, manejaban las velas con una destreza admirable. Era fácil imaginar cómo este mismo río fue testigo del esplendor del Antiguo Egipto.

De regreso al barco, continuamos la navegación rumbo a Kom Ombo, un pequeño pueblo famoso por su templo dedicado a dos dioses al mismo tiempo: Sobek, el dios cocodrilo, y Horus, el dios halcón. Este templo es singular, con dos entradas simétricas y relieves que muestran ofrendas, instrumentos médicos y escenas de la vida cotidiana en tiempos faraónicos.

Nuestro guía nos explicó que, en la antigüedad, los egipcios creían que Sobek protegía a los navegantes del peligro de los cocodrilos del Nilo, mientras que Horus representaba la luz y la justicia. Es fascinante cómo la dualidad del bien y el mal, del cielo y la tierra, se refleja en su arquitectura.

Tras la visita, regresamos al crucero para seguir navegando hacia Edfu, disfrutando del almuerzo a bordo y de una tarde de descanso. El paisaje a ambos lados del río parecía una pintura: aldeas de adobe, campos de palmeras datileras y la arena del desierto extendiéndose hasta el horizonte.

La vida en el barco tenía su propio ritmo. Algunos pasajeros leían en la cubierta, otros disfrutaban de un té mientras el sol caía, y todos coincidíamos en una misma sensación: paz. Esa noche, después de la cena, el M/S Casa Sol siguió su curso bajo un cielo estrellado que parecía eterno.

 

🏺 Día 6 – De Edfu a Luxor: entre dioses, esclusas y templos bajo las estrellas

El amanecer sobre el Nilo es algo que no se olvida. Cada día tiene un color distinto, una luz nueva. Después del desayuno, dejamos el barco para subir a una calesa, el medio de transporte típico de Edfu, rumbo al Templo de Horus.

El trayecto por las calles del pueblo fue una experiencia encantadora: los niños saludaban, los vendedores ofrecían frutas y especias, y la vida local se desarrollaba ajena al paso del tiempo.
Al llegar al templo, la sensación fue indescriptible. El Templo de Horus es uno de los mejor conservados de todo Egipto. Sus muros están cubiertos de relieves que narran la historia del dios halcón y su eterna lucha contra Seth, el dios del caos. Las columnas colosales, las puertas monumentales y el silencio solemne del lugar te transportan directamente al pasado.

Después de la visita, regresamos al barco y continuamos la navegación hacia Esna, donde cruzamos la esclusa. Este momento, aunque más técnico, resultó muy curioso: ver cómo el barco sube lentamente mientras el nivel del agua cambia, rodeados de pescadores y niños que saludan desde las orillas, nos recordó que el Nilo no solo es historia, sino vida presente.

Durante la travesía, el paisaje se transformaba poco a poco. A medida que nos acercábamos a Luxor, el corazón del antiguo Egipto, la emoción crecía.


Por la tarde, ya con el sol cayendo, visitamos el Templo de Luxor, uno de los más emblemáticos del país. Es difícil imaginar un escenario más bello: las columnas gigantes, los jeroglíficos bañados por la luz dorada del atardecer y el contraste del cielo que empezaba a teñirse de violeta.

 

El templo, construido por Amenofis III y ampliado por Ramsés II, estaba dedicado al dios Amón-Ra, el señor del sol y la creación. En la antigüedad, este templo se unía al de Karnak por una avenida flanqueada por esfinges que simbolizaban la conexión divina entre ambos.

Esa noche, de regreso al barco, entendí por qué se dice que Luxor es un museo al aire libre. Desde la cubierta, mientras navegábamos lentamente bajo las estrellas, el sonido del agua y el eco de las antiguas leyendas parecían mezclarse en el aire cálido del desierto.

 

🏛️ Día 7 – Luxor: entre tumbas, templos y la grandeza eterna de los faraones

Nos despertamos temprano, sabiendo que nos esperaba una jornada inolvidable. Tras el desayuno, dejamos el barco y nos adentramos en la orilla occidental del Nilo, el lugar donde los antiguos egipcios enterraban a sus faraones. En el Antiguo Egipto, el Oeste representaba el reino de los muertos, el lugar donde el sol “moría” cada día para renacer al amanecer.

Nuestra primera parada fue el Valle de los Reyes, un desfiladero seco y silencioso que guarda los secretos de más de sesenta tumbas reales excavadas en la roca. Entrar en una de ellas es como cruzar una puerta en el tiempo: los pasillos están decorados con relieves y colores que, pese a los milenios, aún conservan su intensidad. Las escenas del Libro de los Muertos narran el viaje del faraón hacia el más allá, guiado por los dioses.
En ese silencio profundo, uno siente la eternidad.

Continuamos hacia el Templo funerario de Hatshepsut, una de las figuras más fascinantes del antiguo Egipto. Hatshepsut fue una mujer que gobernó como faraón en el siglo XV a.C., algo extraordinario en su tiempo. Su templo, excavado en la ladera de una montaña de piedra caliza, parece surgir de la roca con una elegancia casi moderna. Desde sus terrazas, las vistas del valle son sobrecogedoras.

De camino de regreso, hicimos una breve parada ante los Colosos de Memnón, dos gigantescas estatuas que custodian lo que fue el templo funerario de Amenhotep III. Aunque el paso del tiempo las ha erosionado, su presencia sigue imponiendo respeto.

Después del almuerzo, visitamos el monumental Templo de Karnak, el mayor complejo religioso de la antigüedad. Dedicado al dios Amón-Ra, su grandeza no tiene comparación: columnas de más de 20 metros, obeliscos, estatuas y lagos sagrados que testimonian la devoción de generaciones enteras de faraones.


Caminar por su sala hipóstila —un bosque de 134 columnas— es una experiencia que abruma y fascina a la vez. Cada piedra parece tener vida propia, y uno se siente parte de una historia sin fin.

Al final del día, ya instalados en el Hotel Maritim Jolie Ville Luxor, rodeado de jardines y con vistas al río, disfrutamos de una cena tranquila. La conversación giraba en torno a lo vivido: era imposible no sentir admiración por un pueblo capaz de construir tanto, pensar tanto y dejar un legado que aún hoy sigue inspirando.

 

✈️ Día 8 – Luxor – Valencia: el regreso con el corazón lleno de historia

Último día en Egipto.
Despertar en Luxor, con el sol reflejándose sobre el Nilo, fue un momento de calma y nostalgia. Era difícil creer que una semana atrás estábamos en Valencia, preparando maletas y soñando con las pirámides. Ahora, esos sueños tenían rostro, aroma, color… y recuerdos imborrables.

Tras el desayuno, hicimos el traslado al aeropuerto. Mientras el avión despegaba y el paisaje dorado del desierto se hacía pequeño bajo las alas, una sensación de gratitud lo llenaba todo. Egipto no es solo un destino; es una experiencia que te transforma.

Durante el vuelo de regreso, repasábamos mentalmente cada etapa del viaje:
La imponencia de las Pirámides de Giza, el misterio de la Esfinge, la grandeza de Abu Simbel, el fluir sereno del Nilo, los templos que parecen hablar al alma y los rostros sonrientes de la gente local, siempre dispuestos a ofrecer un “salaam” y una taza de té.

Egipto es historia viva, pero también humanidad. Es un país que combina lo sagrado con lo cotidiano, donde el pasado y el presente conviven con una naturalidad sorprendente.

 

🌍 Reflexión final:

Viajar a Egipto es mucho más que recorrer monumentos milenarios. Es entender cómo un río dio vida a una civilización entera, cómo la espiritualidad se plasmó en piedra, y cómo, pese al paso de los siglos, su cultura sigue latiendo con fuerza.


Su gente, su gastronomía, sus costumbres y su luz dejan huella en quien lo visita. Como dice un proverbio árabe:

“Quien bebe del Nilo, volverá a hacerlo.”

Y es cierto. Porque Egipto no se olvida. Se queda en uno, como una promesa de volver ✨🐪💱.

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Video del Resumen del viaje 👈